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La mujer y la pobreza

Escribo para ti mujer, / Mujer de mil ropajes,
Mujer joven o vieja / De esta dura tierra.
Escribo para ti / Sabiendo cómo eres,
Hoy hablo para decirte / Que no aceptes la suerte.

(Fragmento de Margarita C de Tafur).

Año tras año, cuando se aproxima esta fecha, casi olvidamos el suceso que motivó su festejo: un día un grupo de mujeres que trabajaban en una fábrica textil salieron a la calle a manifestarse en aras de una mejora salarial.

Si continuamos el rastreo a lo largo de la historia, veremos que si hemos de encontrar allí mujeres será, por lo general, muy por debajo de otros personajes, la mayoría de ellos hombres. Y cuando no es así, veremos que se hace un hincapié, exclusivo, en su carácter de madres, como si en ello residiera el punto máximo de su realización personal. A lo sumo, y desde hace poco tiempo, encontramos mujeres de porte profesional, científicas o artistas. Al menos ya es usual brindarle a este grupo de mujeres los mejores homenajes.

Aunando esfuerzos, entre todas estas mujeres, podríamos decir hoy que su lucha sigue, en un momento histórico y bajo múltiples formas. En este sinuoso camino, nos enorgullece introducir la figura, tal vez inédita y de seguro menospreciada, de la mujer pobre y marginada.

Si hacemos una diferencia, no es como se suele decir “para discriminar”. Tendemos todo el tiempo a pensar que si hacemos una diferencia estamos desvalorizando, automáticamente, lo que diferenciamos. La apuesta de hoy es separar, pensar una diferencia entre diferencias y no ya como una diferencia inferior respecto de algo considerado como “correcto”.

Para estas mujeres la mayoría anónimas no hay homenajes, sí, condenas. Se les suele llamar negras, paridoras de hijos, abandonadas, sucias... Se habla mucho y se las conoce poco. Si tan sólo se acercaran a preguntar por la compleja historia de vida de las mismas, sorprenderían algunos contrastes.

El contexto social, la escasez económica, el hacinamiento y la precariedad de la vivienda, el ser algunas objeto de abusos sexuales continuos, enfermedades y muertes a temprana edad, contrastan con el ímpetu vital que día a día, las lleva en busca de una existencia más digna.

Sus rostros marcados y desgastados como efecto de estas condiciones, muestran un contraste entre una estética que confunde la salud, con las formas susceptibles de ser adquiridAs en el spa y a través de cirugías que borran el paso del tiempo y la experiencia vivida en él.

Muchas veces, una considerable cantidad de hijos no las hace ceder ni un milímetro en su defensa, a ultranza. A través de todas estas peripecias, ejercitan una dedicación y un amor incondicional hacia ellos, cosa que seguramente pocos conocen.

A los que trabajamos en las Copas de Leche, varias preguntas nos golpean con fuerza e insistencia: ¿qué las motiva día a día a cuidar, enseñar, acompañar y hacerles la comida a los niños?, ¿se trata de una tarea que les permite lograr la subsistencia diaria?, ¿será cuestión de solidaridad con otros, en general, y con los hijos de esos otros, en particular?, ¿cuánto tiempo le dedicamos cada uno de nosotros a los demás?, ¿y a nuestros hijos?

Nuestra mujer, lucha por superarse. Un lugar en el jardín de infantes, hace que se la reconozca como una señorita. Un lugar en el área de salud, es colocarse un guardapolvo y reconocerse “promotora” en su barrio. Aprender computación y luego volcar lo aprendido en sus niños, hace que ese saber se multiplique y también, se multiplique el reconocimiento entre sus pares y ajenos.

Si bien la mochila que cargan sobre sus espaldas es de sacrificios diarios, la misma no llega a opacar la alegría, la esperanza y las fuerzas con las que realizan cotidianamente su labor, invisible ante los ojos de una ciudad centrista.

Todas y cada una de ellas tienen incorporadas sus dificultades, miedos e inseguridades, propias del mundo en el que les toca vivir, pero también son dueñas de una gran potencialidad en su espíritu de lucha, tan intenso, como las debilidades mencionadas anteriormente.

Todo lo que se pueda descubrir en ellas, no será sino a través de tender los puentes que nos permitan ir a su encuentro.

Creernos que todo lo que sabemos se lo podemos inculcar de la noche a la mañana, cambiar a gusto y piaccere sus vidas, como si intentáramos moldearlas a imagen y semejanza de la nuestra (o de la querríamos tener nosotros), producto de nuestra soberbia, es desconocer su esencia.

Porque tratar con otro sujeto lleva tiempo, empatía (la capacidad de ponerse en el lugar del otro) y miramiento (atención por nuestras diferencias). Como la figura del puente lo sugiere, se trata de conectar dos orillas, sin dejar de conservarlas como diferentes. Debemos conocer y respetar a los otros, aunque algunos aspectos de ellos nos sigan pareciendo ajenos, en la lejanía.

Si sólo cambiáramos nuestra mirada “por sobre” estas mujeres por un “con” ellas ¡cuán distinta sería esta sociedad!

El mejor homenaje hacia ellas consiste en abrirles nuestro corazón. Vaya entonces nuestro reconocimiento y gratitud a todas las mujeres pobres de la ciudad de Santa Fe, que hacen de su modo de habitarla, un emblema del esfuerzo y de la dignidad.

A nuestras mujeres, madres o jóvenes, el Movimiento los sin Techo las saluda y las invita, en este año del Bicentenario, a seguir en la lucha, sin claudicar, porque todas han sido partícipes y han contribuido a que se llegue a los 200 años del nacimiento de la Patria con una Santa Fe distinta.

¡Un feliz día para todas ellas!

Ana María Solís, Silvana Mana, Marta Tricallota López, Claudia Funes, Nilda R. de DíazEquipo Coordinador de Mujeres Movimiento los sin Techo.

MOVIMIENTO LOS SIN TECHO

San Jerónimo 3328

(3000) Santa Fe - Argentina

 

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